¡¡¡Aguantá corazón.!!!

Esa fue la frase que pronunció un relator deportivo cuando River le empató a Boca en el último minuto de un partido de vuelta de la copa Libertadores 2004. Ese resultado llevaría a los penales y a los hinchas de ambos equipos los estaba matando la taquicardia, la ansiedad, el nerviosismo y por que no la angustia.

El amor por un equipo de fútbol es tan incomprensible como el amor por una mujer que ha decidido alejarse totalmente de nuestra vida.
Ni siquiera los jugadores de nuestro equipo comparten nuestra pasión…pero ahí estábamos nosotros, sufriendo y temblando.

¡¡¡Y el corazón aguantó!!!

 

¿Quién sufre hoy al recordar ese partido de junio del 2004?
Es más…¿Quién seguía sufriendo en agosto?
Nadie.

Por eso nunca tan bien puesta la frase “Aguantá corazón”. Porque el corazón solo tiene que aguantar y la calma siempre llega.

Hoy podemos sentirnos “devastados”. Buscamos explicar lo inexplicable. Queremos aferrarnos de lo que sea para revivir lo que nunca hubiéramos querido matar, pero pareciera que está muerto. Claro…no queremos darnos por vencidos e intentamos dar una última respiración artificial…un último masaje cardíaco a la esperanza.

¡Aguantá corazón!

Aguantá que ese dolor pasa y se va. Ya sea con el triunfo o con la derrota.

En los momentos en que no puedas retener las lágrimas, cuando sientas que el pecho se te parte, cuando no tengas ganas de hacer nada, cuando te falten las fuerzas, decite a vos mismo “Aguantá corazón”.

Aguantá, que todo pasa.
Aguantá, que el tiempo cura.
Aguantá, que merecés volver a sentirte bien y solo es cuestión de tiempo.

Duele. Puta que duele.
Desde afuera te van a decir “Dejate de mariconeadas”, “Es solo una mina”.
Pero a vos te duele. A ellos no. A vos, sí.

Mirate el pecho y decí: “Aguantá corazón”. Y querete mucho.

Confiá, que el corazón aguanta. Está hecho para eso.

Aguanta, se cura y se fortalece.

SIEMPRE.

¡VAMO NENEEE!  ¡HUEVOS!

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