Sebastián se despertó con la imagen mental del estadio repleto de banderas de su equipo. Eso no era casualidad. Su mejor amigo había conseguido plateas gratis para el importante partido que se jugaría esa tarde. ¡Cuánto tiempo hacía que no iba a la cancha!

Salió de la cama, levantó la persiana y pensó que esas nubes en el horizonte no eran para nada amenazantes y sin dudas no le aguarían la tarde de fútbol.

Fue a la cocina a prepararse el desayuno. Puso el agua…las tostadas….pero no encontró el frasco de café.
-Mamá!! ¿no hay café? –gritó
-Buen día primero ¿no? –le dijo su madre desde su habitación con tono de reproche.
-Buen día –respondió Sebastián.
-El café está acá –le dijo su madre.

Y claro…el domingo sus padres desayunaban en la cama.

-¿Vas a la cancha con Marcos? –le preguntó su padre.
-Sí, al final le dieron las entradas.
-Bueno…vayan con cuidado…viste las cosas que pasan en la cancha…
-No pasa nada, vamos a una platea…olvidate.
-¿Te acostaste tarde anoche? –preguntó su mamá.
-No…más o menos…

La charla se vio interrumpida por el recuerdo de las tostadas sobre el tostador.
“La concha de la lora puta!!” pensó Sebas mientras tiraba las tostadas quemadas, abría la ventana de la cocina para que se fuera la baranda a quemado y ponía dos rodajas  nuevas de pan, está vez con la promesa interna de no moverse de al lado.

Mientras desayunaba le vino a la mente el examen del próximo miércoles. Hacía rato que debería haber empezado a estudiar, pero siempre por una cosa o por otra postergaba ese arranque.
Iba a dedicar el día de hoy al estudio, pero las entradas para el partido habían postergado otra vez ese plan.
“Bueno…mañana sin falta y a full”, pensó Sebastián en un intento por no sentirse culpable.

Se duchó, miró televisión, almorzó con su familia y a las tres de la tarde partió con su amigo rumbo al estadio.

Sebas y Marcos regresaban a las seis y media con una sonrisa de oreja a oreja. Su equipo no solo le había ganado dos a cero a su eterno rival sino que además llegaba a igualar al puntero de la tabla.

Al llegar se cruzaron en la puerta con el papá de Sebastián.
-¿Dónde vas? Preguntó Sebas.
-A la carnicería…vienen tus tíos con tu primo y tengo ganas de preparar un asadito.
-Uh, que bueno….te acompaño…¿Te prendés Marcos?
-Sebas…el día que le diga que no a un asado, intername.

Así partieron los tres en busca de chori, morcilla, molleja, asado y vacío. Y por supuesto la infaltable picadita con Gancia para ir comiendo mientras se escucha el crepitar del carbón.

Cuando a la noche se metió en la cama se dio cuenta que se había perdido su programa favorito de fútbol a la medianoche en TV

-Y bueno…todo no se puede –pensó mientras tomaba el control remoto para hacer algo de zapping antes de quedarse dormido.
De todas formas en un canal de cable pudo ver nuevamente los goles…luego cambió a una película que ya había visto un par de veces y con el televisor programado para apagarse a la una de la mañana, se quedó dormido a las doce y media.

Ese había sido un día verdaderamente importante para Sebastián. Había sido el día que estuvo esperando durante mucho tiempo. No por el partido…ni por el asado…sino porque fue el primer día en el que en ningún momento pensó en Verónica.

Y que cosa ¿no?…como no podía ser de otra manera, ese tan importante y esperado día había transcurrido sin que ni siquiera se diera cuenta.

Un comentario

  • Claudio

    Fabio .Ese día me pasó y lo bien que empezé a sentirme .ESE DIA …..llega y comienza a escribirse una nueva y mejor historia propia.UN DIA….un amigo me recomendó leer tus libros para ayudarme en ese mal momento,saber todo lo que se y ser lo que soy ahora.
    Gracias Fabio…
    Saludos Claudio.

Deja un comentario