Hay algo que es innegable y de lo que cualquier mujer puede dar fe: A ninguna le atrae un hombre sin orgullo.

A partir de esa premisa es que quiero desarrollar el siguiente tema.

Imaginemos el sistema eléctrico de una casa. Gracias a ese sistema todos los artefactos de la casa funcionan perfectamente. Anda la compu, el inalámbrico, la tele, el timbre, el microondas, las luces….todo.

Podemos hacer un paralelismo entre esa energía de la casa y el orgullo del hombre. Si el hombre no tiene orgullo no se quiere, no se valora, no se respeta a sí mismo, en consecuencia nada funciona.

Ejemplo:
Entrevista de trabajo:
-¿Cuánto es lo que pretende ganar, señor Pérez?
-Y…poquito….porque yo no merezco más…

Prueba de jugadores:
-¿Y usted de que quiere jugar?
-Y…de lo que sea…porque no soy muy bueno…

Noviazgo:
-No se si quiero estar con vos o con mi nuevo compañero de trabajo.
-No importa mi amor…yo te amo y estaré acá esperándote siempre.

Si no hay luz…la casa no puede tener un buen funcionamiento…y nadie querría estar en esa casa.  Si no hay orgullo, el que no tendría un buen funcionamiento sería el hombre.

La energía tiene una térmica.  El orgullo también.

Una sobrecarga de tensión puede hacer saltar la térmica de la energía…y nos quedamos sin luz.
Una sobrecarga de sentimientos también hace saltar la térmica del orgullo.

¿Qué pasa cuando estamos en pareja con una mujer por la cual no tenemos un exceso de enamoramiento, por la cual no tenemos un exceso de sentimientos, por la cual no sentimos lo que podría llamarse una dependencia…y esa mujer se manda alguna barrabazada?
Le ponemos los puntos sobre las ies, le dejamos en claro que con nosotros no se jode y en muchos casos hasta la mandamos a la concha de su hermana, nos damos media vuelta y nos vamos, diciendo para nuestros adentros “Pelotuda de mierda…¿Quién se cree que soy?”
Eso sucede porque el orgullo está encendido. La llave está en ON. Todo funciona.  Y es altamente probable que esa mujer nos venga a correr por la calle al grito de “Perdoname, mi amor…perdoname!!” Y si no lo hace, el orgullo nos hace sentir que esa mujer no es para nosotros. Que merecemos algo más y nos hace seguir caminando sin volver sobre nuestros pasos.  No es una “estrategia” lo que estamos llevando a cabo. Es genuino amor propio y respeto por nosotros mismos.

El gran problema del hombre viene cuando se enamora. O mejor dicho cuando está tan boludizado por amor que ya se vuelve dependiente.  Esa sobrecarga de sentimiento es lo que le hace saltar la térmica del orgullo y eso obviamente hace que este se le apague por completo.
Un hombre dependiente, boludizado y sin orgullo soporta lo que sea con tal de estar al lado de la mujer de la cual depende. No concibe de ningún modo la vida sin ella. El terror a perderla hace que se banque todo, que “justifique” todo.
Y eso sucede porque el regulador de tolerancia que es el orgullo no funciona, está apagado, está muerto, le saltó la térmica.

El hombre sin orgullo no es un hombre deseable, así como una casa sin energía no es una casa habitable.
Con el agravante de que la energía de una casa puede volver, pero la pérdida de orgullo en un hombre es un camino de ida.  Es por eso que las mujeres prefieren al hijo de puta antes que al boludo, porque piensan que el hijo de puta podría cambiar, pero saben que de boludo no se vuelve.

Si tu casa se quedara sin energía y supieras que nunca la recuperaría, buscarías otra casa.
Si una mujer ve que te saltó la térmica del orgullo, va a buscar otro hombre.

¡Querete mierda! ¡No te dejes forrear!
¡No le soportes lo que no les soportarías a otra de la que estuvieras menos enamorado!
¡No hagas lo contrario a lo que le aconsejarías a un amigo que estuviera en tu lugar!
¡No permitas que el sentimiento te haga saltar la térmica!

QUE SE HAGA LA LUZ!!!

VAMO NENEEE!!!

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