Damián salió de la ducha y se paró frente al espejo.

Batió la crema de afeitar, se puso un poco en la mano y comenzó a pasársela por la cara.
Su cuerpo estaba ahí, pero su mente estaba en otro lado. En el mismo lugar que había estado durante las últimas seis semanas.

Un “Hola” proveniente de algún lado lo sacó de su letargo.

Giró la cabeza en un acto reflejo, pero obviamente no encontró a nadie. La voz le parecía extremadamente familiar.

-Acá, Damián, en frente tuyo –volvió a escuchar.

Casi con temor miró hacia delante y se encontró con la triste imagen de sí mismo que el espejo le devolvía.

-Sí nene, soy yo el que te habla…o sos vos, como quieras llamarle…tanto tiempo ¿no? –le dijo su reflejo.

La sensación de temor cambió inmediatamente por una mezcla de sorpresa, vergüenza y culpa.

-Me tenés olvidado, eh? –le dijo el del espejo con un tono que mezclaba el reproche con el dolor.

-No…bueno…un poco…vos sabés como viene la mano… -respondió Damián.

-Sí, claro que lo sé. Me acuerdo como nos gustó la pendeja esa el día que la conocimos.

-Y bueno, entonces me entendés.

-Vos dijiste “es un ángel”….y yo te dije “guarda tigre…andá con cuidado”, pero a partir de ahí te cortaste solo y te olvidaste de mí.

-Negro…no estoy para reproches…estoy hecho mierda… No estaba preparado para perderla… No puedo olvidarla…

-Dami…todos estamos preparados para perder cualquier cosa y para seguir adelante. Lo que no podemos es olvidarnos de nosotros mismos. Y vos te olvidaste completamente de mí. –le dijo el espejo.

-Sí, puede ser…

-¿Puede ser?  ¿puede ser?…¿Cuántas veces estuviste parado acá mismo en frente mío y ni siquiera me miraste? ¿Cuántas veces intenté empezar a hablarte y ni siquiera me escuchaste?

-Es que ella era todo…

-Damián ¿Vos sos consciente de que yo soy la única persona que realmente puede ayudarte?

-Nadie puede ayudarme…la necesito tanto.

-Claro que nadie puede ayudarte. Nadie que esté afuera tuyo puede ayudarte. Solo te podés ayudar vos. Y yo soy vos….dame bola Damián…

-Es que sin ella no soy nada…

Los ojos de Damián comenzaron a humedecerse y su voz comenzó a sonar entrecortada.

-¡Damián, mirame! –le dijo la imagen del espejo con voz firme y enérgica.

Damián siguió mirando hacia abajo mientras sus lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas.

-¡Damián, la concha de tu madre! ¡Mirame a los ojos, carajo! –le gritó el espejo.

Levantó la vista y sus tristes ojos se encontraron con la imagen de otros dos ojos que sacaban chispas.

-¿De cuántas salimos juntos, pelotudo? ¿Cómo se te ocurre pensar que de ésta no vamos a salir también? –dijo su reflejo.

-Es que no sé…

-Dami…no quiero enojarme con vos –le dijo su imagen –pero ¿es que perdiste la memoria? ¿Te olvidaste todas las que pasamos y lo bien que nos fue?

-No…no es que me haya olvidado, pero…

-¿Ya te olvidaste toda las veces que fuimos juntos a dar un examen sin saber un carajo…y lo bien que la piloteamos? Y eso que decíamos “Nos van a hacer mierda”… pero cuando estábamos bien en sintonía uno con el otro no nos hacía mierda nadie.

-Es verdad –dijo Damián secándose una lágrima.

-¿Y te acordás lo que lloramos juntos aquella tarde en el Sanatorio?…pero bueno…la vida nos tira palos que hay que soportar a veces….pero si seguimos viviendo después de esa…¿cómo no vamos a remontar ésta?
Si tantas veces aprendimos que lo que no te mata te hace más fuerte…¿no nos vamos a olvidar ahora, no?

Damián se paró más derecho frente al espejo y mirando a su imagen a los ojos dijo:

-Perdoname

-¿Qué tengo que perdonarte?

-Haberme olvidado de vos….haberte dejado totalmente de lado poniendo todos mis sentidos en otra persona.

-No tengo nada que perdonarte….solo que me partía el alma verte tan desorientado, tan triste, tan dependiente…y no poder hacer nada. Me quedé afónico de gritarte, pero vos no me escuchabas…

-No es tarde para que arranquemos juntos de nuevo ¿verdad?

-¿Tarde? ¿Cómo va a ser tarde? Nunca es tarde.

-¿Sabés de que me estoy acordando? –preguntó Damián.

-¿De qué? –le respondió su imagen.

-Del día que nos entraron a afanar y vos me dijiste “Quedate quieto, boludo”….creo que me salvaste la vida…

-Sí…pero tuve motivos egoístas para hacerlo.

-Juaa…que pelotudo sos!! –se rió Damián.

-Juuaaa… -rió también el espejo.

-También me acuerdo cuando nos garchamos al bagarto aquel…

-De eso te acordarás vos….yo me olvidé…

-Juuaaa…hijo de puuuuta!!!

Ambos se quedaron mirando el uno al otro, hasta que la risa fue desapareciendo, convirtiéndose en una sonrisa alentadora.

-¿Y nene? ¿Vamo pa adelante? –dijo la imagen reflejada.

-Obvio que vamos, papá!! Y con los tapones de punta!! –respondió Damián.

Y así siguieron ambos, pasándose espuma por la cara…y luego la hojita cuidadosamente, en una sincronización perfecta. Ya no eran dos. Ya eran otra vez uno, pero habiéndose reencontrado el uno con el otro.

Damián terminó de afeitarse, se secó la cara, se vistió y se contemplo con orgullo, amor propio y admiración.

Se disponía a abandonar el baño cuando volvió a girar y miró otra vez sus ojos en el espejo.

-Una cosa más –dijo Damián.

-¿Qué? –respondió su imagen.

-Feliz día del amigo.

Un comentario

  • TIGRE

    SENSEI FABIO: Que bueno es tener a mano tu nueva página.. Espero que sigas escribiendo tantas verdades.. Cuantas veces nos olvidamos de nosotros mismos por alguna garca de mierda (no lo podemos permitir jamásss).. VAMOOO NENEEEEE !!!!!!

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