“¡Qué desilusión!” repetía Adrián meneando la cabeza al enterarse que su novia no lo había dejado por lo que ella le había dicho, sino que lo había dejado para volver con su ex.

Sí…ese ex del que ella se cansó de hablar mal…el mismo ex que la maltrataba…que la engañaba…

El mismo al que ella se vio obligada a dejar porque era la 3ra vez que le era infiel.

Adrián era todo lo contrario. “El novio ideal”, según ella.

“Qué desilusión” decía entre otras cosas irreproducibles el pobre Adrián.

Según él ella era incapaz de hacer una cosa así.

“¡QuÉ boludo soy! Yo sabía que lo tenía en el facebook y no dije nada…y tampoco dije nada cuando veía que se llevaba el celular a la ducha…y que dormía con el teléfono en vibrador debajo de la almohada…”

Más allá de la bronca, lo único que él deseaba era volver con ella.

“¿Y crees que volverá a llamar?”

“¿Y no puede ser que me extrañe y vuelva?”

Pocas cosas duelen tanto como una desilusión amorosa, pero lo que tendríamos que tener en cuenta como para enderezar la brújula es el verdadero significado de la palabra “desilusión”.

La real academia española nos dice lo siguiente:

Ilusión: Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

Por lo tanto una “des-ilusión” es ponerle fin a ese concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causado por engaño de los sentidos.

En concreto, desilusionarse significa ver la realidad y enfrentarse con la misma.

Y sí…la realidad a veces es dura. Sobre todo cuando el telón de la ilusión cae de manera estrepitosa. Y el corazón suele preferir una mentira placentera que una realidad dolorosa.

No es muy difícil deducir entonces que lo que Adrián quiere es volver a tener su “ilusión”. Volver a meterse dentro de esa “representación sin verdadera realidad” que su novia le proporcionaba.

Uno puede imaginar un oasis en el desierto y puede querer llegar a él, pero al darse cuenta que el oasis no existe, tratar de alcanzarlo pierde todo sentido.

La novia fiel, sincera y enamorada que Adrián creía tener, no existía. La que existía era una que se mensajeaba con el ex diciéndole cuanto lo extrañaba y las ganas que tenía de que estén juntos.

Era una que le mentía en la cara.

Por lo tanto ese “volver” pierde sentido cuando su amigo, con mucha lógica le pregunta “¿Volver a qué, Adrian? ¿Volver a estar con la mina que creías que tenías pero que en realidad nunca existió?”

Cuando caminamos con una venda en los ojos, seguramente nos vamos a estrellar contra un poste. Y si insistimos en volver a ponernos la venda cuando esta “por suerte” se nos cayó, entonces tal vez merezcamos el siguiente golpe.

¡¡¡QUERETE ADRIÁN!!!

…y vos también querete, nene!

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