Contaba mi abuela que cuando era joven un día de visita en la casa de su prima Amalia, vio que ésta le rompía los calzoncillos a su marido y luego se los remendaba.

-¿Qué hacés? –le pregunta mi abuela sorprendida

-¿Vos no lo conocés a Eugenio? Con lo mujeriego que es, que al menos pase vergüenza!!! -respondió la tía Amalia.

Pobre Eugenio!!! Era más bueno que Lassie dormida!!!

 

Si bien décadas atrás también existían mujeres con sospechas, celos y desconfianza permanente y patológica (SCD-PP), ellas no tenían lugares por donde canalizar estos sentimientos e impulsos, por lo cual las situaciones de confrontación no llegaban a mayores. No había medios tecnológicos para estar investigando demasiado, por lo que esta patología debería resumirse a revisar los bolsillos de sus parejas en busca de alguna carta, los cuellos de camisas para ver si aparece alguna mancha de rouge o buscar algún que otro cabello largo en la solapa de algún saco. Y como por lo general no encontraban nada, toda esta obsesión por enganchar al otro en algo turbio pasaba desapercibida.

 

Hoy en día, gracias a la tecnología, las personas que sufren este mal, aún no tipificado por el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, son mucho más notorias, molestas y agresivas que antes dado que pasan el día conectadas buscando la oportunidad de descubrir a sus parejas en una infidelidad, en en una mentira por más que estas sean más fieles que Charles Ingalls.

 

Revisan los celulares en busca de mensajes escabrosos, viven pendientes del whatsapp para ver cuando está online o cuando fue el horario de su última conexión, hackean facebooks y casillas de  mails y se la pasan haciendo preguntas para intentar hacerle pisar al otro el palito.

 

Buscan la manera de robar las contraseñas o aprovechan cuando encuentran una sesión que quedó abierta para ir hacia atrás hasta fechas remotas leyendo conversaciones privadas y viendo las fotos que uno puede tener archivadas y de las cuales tal vez ni se acuerda.

 

Por supuesto que cada hallazgo o cosa que le despierte celos va a dar lugar a peleas, llantos, amagues de separación, amenazas, prohibiciones, etc, haciendo que para la vida de quien padece la persecución, el infierno parezca el Caribe.

 

Este tipo de personas nos va alejando de nuestros amigos (porque son todos unos piratas), nos va alejando de nuestra familia (porque se llevaban bien con nuestra ex), nos va alejando de nosotros mismos, porque en el afán de poder conformarla y continuar con la relación cambiamos nuestra forma de ser hasta un punto insospechado.  Cosa que en definitiva nunca es posible, porque aunque intentemos ser la persona más transparente del mundo va a seguir buscando, buscando y buscando, hackeando, sospechando, preguntando, indagando…y cuando no halle nada se va a frustrar pensando que estamos ocultando nuestro engaño lo suficientemente bien como para que no lo encuentre.

 

Y tal vez nos vamos  acostumbrando a todo eso y hasta podemos confundirnos pensando que su proceder es un síntoma del profundo amor que siente por nosotros:   “Nos quiere tanto…nos necesita tanto que tiene mucho miedo de perdernos y por eso se comporta de esa forma”. Pocos pensamientos tan errados como ese.

 

Si tu pareja tiene este tipo de comportamiento tené en cuenta que no es normal y que muy difícilmente pueda cambiar esa conducta.

 

Te recuerdo una frase que escribí en algún otro lado y que deberías tener en cuenta:

 

“La persona que realmente vale la pena es aquella que teniendo la libertad total de hacer con su vida lo que se le da la gana, nos elige todos los días”.

 

 

VAMO NENEEE!!!

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